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El poder de la ilustración infantil en la construcción de memorias

Por qué los libros ilustrados pueden marcar la vida de un niño para siempre.
8 de diciembre de 2025 por
Camila Laiton

Cuando era niña, había imágenes que se quedaban conmigo durante años. No recordaba los textos completos, pero sí los colores, las caritas, los bosques y los pequeños detalles escondidos en una página. Con el tiempo descubrí que eso no era casualidad: la ilustración infantil tiene la capacidad de convertirse en memoria afectiva.

Dibujar para niños es una responsabilidad hermosa. Ellos observan con una sensibilidad que los adultos a veces perdemos: encuentran historias en las sombras, sienten la textura de un color y se identifican con personajes que apenas ocupan unos centímetros en el papel. Por eso, cada vez que trabajo en un libro infantil, pienso en la experiencia completa: qué emoción quiero despertar, qué pregunta quiero que se lleven, qué escena quiero que recuerden incluso cuando sean adultos.

El desenlace de este proceso ocurre cuando un niño abre un libro, sonríe y se detiene a mirar una página más de lo habitual. Ese instante —pequeño para cualquiera, gigantesco para mí— confirma que la ilustración infantil no es solo arte. Es una forma de acompañar la vida de alguien, de dejar una huella que tal vez nunca conoceré, pero que sé que existe.

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